La destacada actriz y escritora aborda en Gota de Lluvia la 14.ª edición de su obra epistolar y su impacto transmedia en la sociedad.
Una visionaria y vanguardista que relevó a las infancias y las labores de cuidado desde la diferencia, con sus luces y sombras, así como con un potente valor poético. Así se puede definir la obra Carta para Tomás, de la destacada actriz y escritora Malucha Pinto, quien fue la reciente invitada del programa Gota de Lluvia, conducido por Cecilia Lagos.
Esta obra epistolar relata el proceso emocional de la autora al recibir y criar a su hijo Tomás, diagnosticado con una condición compleja de salud. El libro ya alcanza su 14.ª edición desde su lanzamiento oficial en la década de 1990. En su reciente visita a Valdivia para realizar el relanzamiento bajo el sello de Editorial Catalonia, la escritora señaló que el impulso de publicar nuevamente el texto vino de su editor, Arturo Infante. Él definió el libro como una victoria de la vida, puesto que al nacer Tomás no le pronosticaban más de tres años de existencia, mientras que hoy ya tiene 38 años.
Al enfrentarse nuevamente a las páginas del libro para esta reedición, Malucha Pinto confiesa que sintió cierto pudor o «plancha». No obstante, valoró la honestidad de aquel momento, al comprender que fue una escritura arrojada y cruda en la que prefirió no autocensurarse para cuidar una imagen pública.
Expansión transmedia y el valor social del cuidado
El impacto de la obra ha permitido que su narrativa se expanda a otros formatos mediante Carta para Tomás Íntimo. Esta propuesta de teatro a escala reducida está diseñada para presentarse en casas, juntas de vecinos u organizaciones sociales, con el objetivo de generar un diálogo profundo sobre la inclusión y las labores de cuidado.
Para la autora, el acto de cuidar constituye el pilar fundamental de la humanidad. Apoyándose en la postura de la antropóloga Margaret Mead, explica que el primer signo de civilización no fue una herramienta de caza, sino un fémur fracturado y sanado, lo cual evidencia que alguien dedicó tiempo a alimentar, acompañar y proteger a otra persona. De este modo, sostiene que la especie humana no habría sobrevivido sin el cuidado mutuo.
Sin embargo, Pinto denuncia que el patriarcado ha organizado la sociedad mediante una estructura vertical que invisibiliza esta labor, relegándola al plano del anonimato femenino. Ante esta realidad, propone una mirada reivindicativa estructurada en dos dimensiones esenciales. Por un lado, defiende el rol político y social del cuidado, argumentando que no debe asumirse como un sacrificio privado, ya que el trabajo no remunerado de las cuidadoras le ahorra al Estado aportes superiores a los generados por la minería del cobre. Por otro lado, exige el derecho a ser cuidadas, sosteniendo que resulta de estricta justicia brindarles respaldo económico, reconocimiento social y un lugar prioritario en las políticas públicas del país.
